Cuando tenemos que analizar un fenómeno determinado, la primera cosa que un académico serio tendría que hacer es observar si éste existe en la naturaleza.

Desde un punto de vista etológico el liderazgo no existe en la naturaleza.

Es reconocida la estructura jerárquica en la manada de lobos, donde efectivamente existe un lobo alfa que guía y los otros miembros que lo siguen.

Hablando todavía en la naturaleza, si en cambio observamos la estructura social de los pingüinos de la Patagonia es interesante notar que aunque viven en comunidades numerosas no hay un pingüino alfa ni se presenta ningún tipo de liderazgo.

Ahora, la cosa aún más interesante es que ambas estructuras sociales (tanto lobos como pingüinos) funcionan bien, de hecho, si observáramos de cerca las dinámicas comportamentales de cada especie tendríamos que admitir que los pingüinos viven definitivamente mejor y con más armonía entre ellos que los lobos, donde casi cada día se presenta una escalada al poder y el estrés es mayor.

¿Qué se puede decir entonces de los seres humanos?

Existen hipótesis aún en fase de validación que buscan demostrar, a partir de los estudios sobre la antropogenesis, que la presencia más o menos formal de un líder en el desarrollo del ser humano se presenta en los últimos 50.000 años. Es decir, desde el Homo Erectus, quien a diferencia de sus predecesores se caracterizaba por una mayor inteligencia, lo que le permitió una avanzada tecnología y la capacidad de manejar los utensilios.

La pregunta fundamental entonces es: ¿Hace millones de años quién podía asumir el rol de líder?

De acuerdo a lo dicho hasta el momento la respuesta parece obvia: el líder era quien poseía una mayor capacidad de manejo tecnológico (se entiende tecnológico como la capacidad de crear utensilios para poderse defender y cazar de forma más funcional) y por lo tanto, una mayor capacidad de controlar el ambiente circundante.

Sucesivamente con la evolución del lenguaje y la comunicación (elementos que caracterizan y diferencian al ser humano de otros seres vivientes), con las estructuras societarias avanzadas y con cada vez más desarrollo tecnológico, el concepto de líder ha tenido continuas evoluciones. Tanto así que en los últimos años se ha vuelto una verdadera materia de estudio, especialmente en los cursos de formación que en la mayoría de los casos resultan de escasa calidad o llenos obviedades.

Si observamos concretamente los lideres actuales del panorama político, religioso, cultural, empresarial, deportivo, artístico e incluso social/familiar vemos que las dinámicas que subyacen a su liderazgo no han cambiado tanto respecto a las de nuestros predecesores de las cavernas.

Puede definirse como líder quien mantiene la capacidad de control del ambiente y de hecho lo puede influenciar.

Ahora si hacemos concreto dicho concepto en nuestra realidad resulta claro de lo escrito hasta ahora que:

  • Un director empresarial tiene la posibilidad de influenciar el “mundo” laboral de sus gerentes. Cada gerente puede influenciarse así mismo de sus colaboradores.
  • Un capitán de un equipo de futbol, básquet, etc. puede influenciar con su carácter y comunicación al equipo.
  • Un político a través de elecciones determinadas puede hacer cambiar la evolución económica de un país.
  • Un padre puede influenciar el presente y futuro de sus hijos con sus decisiones e imposiciones éticas.
  • Un artista puede influenciar el estado de animo del espectador y así sucesivamente.

Podemos dar otros ejemplos.

En la sociedad actual la influencia y el control sobre los otros se basa en la existencia de una promesa, que de hecho es una forma de control y manejo del futuro.

Numerosos “expertos” de formación basan su liderazgo en la promesa de un futuro excepcional y no es casual ver publicidades como “Si participas en mi curso ganaras 50.000 K al mes; ¡resultados garantizados!”, o “Aprende a vivir la vida que has soñado siempre”, etc.

Lo mismo vale para los que logran utilizarlos como una influencia sugestiva dirigida al futuro: “Si realmente quieres una cosa entonces puedes realizarla”, “Basta creerlo y lo lograrás”, “Se el líder de ti mismo sin tener a nadie que te mande” y así sucesivamente.

Todas estas formas de comunicación se basan en la percepción de que una persona puede controlar su mismo ambiente.

La diferencia entre Homo Erectus y el hombre moderno ha sido el desplazamiento del manejo del propio mundo del presente (los hombres de las cavernas tenían que pensar todos los días en cómo proveer el alimento y cómo defenderse) al futuro (el hombre moderno quiere en la mayoría de los casos un futuro mejor respecto al presente).

Y es por esto es, que al día de hoy en los cursos de liderazgo se dice que un líder tendría que tener la visión, tendría que inspirar y hacer mejorar a los demás.

Así mismo, el liderazgo moderno se basa entonces en el mismo mecanismo ancestral de querer controlar el ambiente y el propio mundo.

De lo dicho hasta el momento parece claro que un líder, antes de comprender como influenciar a los demás y antes de crear el propio estilo tendría que hacerse un auto-análisis para entender si verdaderamente posee los elementos de liderazgo o solamente cree tenerlos.

Mi sugerencia práctica para poner un pie concretamente en el mundo del liderazgo y para evaluar su estado actual es:

  • En una escala del 1 al 10 ¿cuánto logro controlar y manejar mi ambiente? (Escoger el ambiente donde se quiere potenciar el liderazgo, por ejemplo el trabajo… porque lo cierto es que el liderazgo tiene un carácter situacional y no generalizado)
  • Para llegar a 10 ¿cuáles actitudes debo evitar y cuáles modificar?
  • Hacer una lista de las actitudes y comportamientos concretos que crearán cambios en quienes viven en el ambiente escogido e individuar cuáles generan respuestas positivas y cuáles negativas frente a ustedes.
  • Si se desea aumentar la capacidad de liderazgo se debe iniciar por introducir cotidianamente un pequeño comportamiento diferente y funcional; cada día un pequeño cambio hasta cuando se logrará obtener una calificación entre 9 y 10 a la primera pregunta.

De esta manera se aprende a controlar un poco mas el propio mundo, ya que el liderazgo solo existe como efecto de la forma en que se manejan las relaciones con los otros y consigo mismo.

Por lo demás, es evidente que no podemos controlar lo que los demás piensan y hacen, podemos en cambio controlar lo que sucede dentro de nosotros; sólo así tenemos una posibilidad más de manejar nuestra realidad sin sufrirla.